Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2017
Imagen
La lluvia arreciaba fuera de la Biblioteca Pública de Nueva York. Hoy era el último viernes del mes, cuando se celebran "after hours" entre estanterías y libros con música en directo y charlas, esta vez en torno al papel de la mujer en la historia. Había más chicas jóvenes solas como yo esperando, pero decidí irme a cubierto: al museo Whitney de arte americano, que también en este día tiene programación especial y propone pagar la voluntad para entrar hasta las 10 de la noche. En mi caso, 3 dólares. Dentro, he encontrado dos nuevos acompañantes gracias a Couchsurfing: un investigador brasileño y un viajero árabe. Tras darnos una vuelta entre pinturas con un tour en español, he descubierto que a mi amado Hopper quizás le haya salido un rival. Se llama Tooker y retrata sensaciones de vacío con la misma maestría que el anterior, solo que en otro contexto. Para muestra, "The subway", de 1950. Me ha puesto patas arriba. Pocas obras me atraen tanto como para estar vario...
Nunca había estado allí antes y, sin embargo, sentía el vacío que ocupaban -paradójicamente- en aquella zona al sur de Manhattan. Era como si sus más de 400 metros continuaran en pie, invisibles, aunque al levantar la vista no hubiera nada. La primera vez que fui al memorial del 11 de septiembre, me resultó sobrecogedor el sonido del agua que cae donde un día se alzaron las Torres Gemelas. Los nombres indican orígenes de todo el mundo, desde inglés hasta japonés o español. Cuando es el cumpleaños de alguna de las 3.000 personas que allí perdieron la vida, colocan una rosa blanca en las letras grabadas sobre el panel de metal para honrar su recuerdo. Excepto cuando no llegaron a nacer: conté al menos dos mujeres que fueron asesinadas mientras estaban embarazadas. Por debajo de los paneles, el agua está tranquila. Después, cae en cascada a un estanque inferior que se puede ver si te asomas. Lo que no se ve es el interior del agujero negro, que absorbe inexorablemente toda el agua. Nadie ...
Imagen
Nos conocemos desde hace poco más de dos semanas, pero es suficiente para saber que tiene una personalidad propia. Nueva York es un mundo, aunque solo me haya dado tiempo a conocer algunas zonas de Manhattan (además, quedarían Brooklyn, Queens, el Bronx y Staten Island). Cada barrio tiene sus gentes, su estilo arquitectónico, incluso su luz. Hoy he hecho una locura típica de turista y me he pasado prácticamente 5 horas sin cesar pateándome la ciudad después de despedir a una de mis compañeras de piso, Marine, que desde el principio ha estado ahí para ayudarme a adaptarme a esta nueva realidad. El recorrido ha empezado en Midtown, en torno a la calle 33, donde hace poco descubrí que existe un Korea Town con supermercados hasta los topes de kimchi, karaokes con luces de neón y tiendas de cosmética. Apenas bordeando Times Square, he continuado por la Sexta Avenida hacia arriba (uptown, que se dice aquí) aprovechando el día precioso y soleado que nos ha salido tras el día lluvioso de mi*...
Imagen
Hace exactamente dos semanas, dormía por primera vez en Nueva York tras un largo viaje desde Valencia, cansada pero motivada por lo que me esperaba estos días. Hoy, el Empire State se ha apagado para concienciar sobre el cambio climático en la Hora del Planeta y he bajado corriendo (siempre corriendo) para no perderme ese momento . En la oscuridad brillan más las ideas.
Camino rápido y mis piernas se alargan como un chicle Boomer. Camino rápido y soy tan flexible como nunca lo fui en clase de educación física en el cole. Camino rápido y esquivo a turistas que merodean un día como otro cualquiera, que casi se paran a hablar en la acera como harían las señoras de Valencia. Camino rápido sobre el duro cemento que mantiene Nueva York unida, con restos de hielo inmundo aquí y allá exhalando sus últimos suspiros bajo los apabullantes 14 grados que han vuelto a poner de moda las cazadoras de cuero. Camino rápido y una rata más rápida que yo se ha colado entre los montones de bolsas de basura que generan los comercios a diario y que se acumulan frente a los escaparates. Camino rápido y cuando empieza a chispear no me importa mojarme la cara, porque he salido tan rápido de casa que no me he maquillado. Camino rápido y llego a la oficina un sábado por la tarde, sin más compañía esperándome que las plantas que languidecen a la luz del neón. Y ya, ahora sí, paro,...
En algunos lugares, basta con levantar la mirada para ver el cielo. En Nueva York, la mirada se desliza por los rascacielos como si fueran un tobogán invertido hasta que la cabeza se topa con el viandante de detrás. Todo en este país es enorme, parece hecho a una escala grande. O quizás sea un recordatorio tácito de lo pequeños que somos los seres humanos en este mundo salvaje que intentamos domesticar.