Camino rápido y mis piernas se alargan como un chicle Boomer. Camino rápido y soy tan flexible como nunca lo fui en clase de educación física en el cole. Camino rápido y esquivo a turistas que merodean un día como otro cualquiera, que casi se paran a hablar en la acera como harían las señoras de Valencia. Camino rápido sobre el duro cemento que mantiene Nueva York unida, con restos de hielo inmundo aquí y allá exhalando sus últimos suspiros bajo los apabullantes 14 grados que han vuelto a poner de moda las cazadoras de cuero. Camino rápido y una rata más rápida que yo se ha colado entre los montones de bolsas de basura que generan los comercios a diario y que se acumulan frente a los escaparates. Camino rápido y cuando empieza a chispear no me importa mojarme la cara, porque he salido tan rápido de casa que no me he maquillado. Camino rápido y llego a la oficina un sábado por la tarde, sin más compañía esperándome que las plantas que languidecen a la luz del neón. Y ya, ahora sí, paro, y escribo despacio. Qué gusto.

Comentarios

Entradas populares de este blog