La lluvia arreciaba fuera de la Biblioteca Pública de Nueva York. Hoy era el último viernes del mes, cuando se celebran "after hours" entre estanterías y libros con música en directo y charlas, esta vez en torno al papel de la mujer en la historia. Había más chicas jóvenes solas como yo esperando, pero decidí irme a cubierto: al museo Whitney de arte americano, que también en este día tiene programación especial y propone pagar la voluntad para entrar hasta las 10 de la noche. En mi caso, 3 dólares.

Dentro, he encontrado dos nuevos acompañantes gracias a Couchsurfing: un investigador brasileño y un viajero árabe. Tras darnos una vuelta entre pinturas con un tour en español, he descubierto que a mi amado Hopper quizás le haya salido un rival. Se llama Tooker y retrata sensaciones de vacío con la misma maestría que el anterior, solo que en otro contexto. Para muestra, "The subway", de 1950. Me ha puesto patas arriba. Pocas obras me atraen tanto como para estar varios minutos observando los detalles.



Nos hemos despedido en el metro y con mucho frío, estamos a 7 grados y no ha dejado de llover en todo el día. El bar de jazz tendrá que esperar a mi particular fin de semana. Pero he visitado nuevos lugares sin moverme de Nueva York: Brasília es una ciudad fuera y dentro de las normas en Brasil, y en Riyad a veces las tormentas de arena dan lugar a los tsunamis de arena. Continuamos el viaje.

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