Nunca había estado allí antes y, sin embargo, sentía el vacío que ocupaban -paradójicamente- en aquella zona al sur de Manhattan. Era como si sus más de 400 metros continuaran en pie, invisibles, aunque al levantar la vista no hubiera nada. La primera vez que fui al memorial del 11 de septiembre, me resultó sobrecogedor el sonido del agua que cae donde un día se alzaron las Torres Gemelas. Los nombres indican orígenes de todo el mundo, desde inglés hasta japonés o español. Cuando es el cumpleaños de alguna de las 3.000 personas que allí perdieron la vida, colocan una rosa blanca en las letras grabadas sobre el panel de metal para honrar su recuerdo. Excepto cuando no llegaron a nacer: conté al menos dos mujeres que fueron asesinadas mientras estaban embarazadas. Por debajo de los paneles, el agua está tranquila. Después, cae en cascada a un estanque inferior que se puede ver si te asomas. Lo que no se ve es el interior del agujero negro, que absorbe inexorablemente toda el agua. Nadie sabe lo que hay allí, solo los que se fueron. Los que, como un agujero negro antes de morir, hoy son estrellas allá arriba.
Utilizan filtros que las transportan a escenas de la década de los 90. Sus delgados cuerpos se insinúan bajo sudaderas anchas y hasta rotas sin que parezcan heroinómanas. Les delata su pelo cuidadosamente desaliñado, su piel jugosa y esas cejas pintadas que dibujan la -ancha- línea entre las millennials jóvenes y las tardías. Hablo de las diosas de Instagram. Las diosas de Instagram bajan de vez en cuando al mundo terrenal para que sus Instagram husbands -lo mejor de casarse es esa sesión de fotos con el vestido de encaje al atardecer que su audiencia devorará ferozmente- las inmortalicen haciendo cosas cotidianas. Miren a Kylie Jenner. Se pasa todo el día buscando cosas en el suelo, eso sí, siempre pendiente de que su trasero luzca lo más sugerente posible. Otras diosas de Instagram pasean por calles desiertas y buscan fruta fresca en mercados en los que, curiosamente, nunca hay clientes vestidos de domingo -en-el-barrio ni vendedores gritando: "Nena, tomate a un euro el ki...
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