Al pasar por Bryant Park, huelo las flores que hace un par de semanas estaban sepultadas bajo la nieve. El sol calienta y la gente empieza a quitarse chaquetas, acortar mangas y faldas, sonreír más, caminar sin tanta prisa. En España decimos que la primavera, la sangre altera. Aquí, somos todos abejorros revoloteando entre colores después de los duros meses del invierno. Y es una sensación extraña el cambio de temperatura repentino, el cambio de ciudad, en cambio de gente... parece que el cambio de estación es un cambio de mundo en sí.

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